Día: mayo 13, 2022

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Juan Villoro: “El exterminio de las lenguas originales ha sido responsabilidad del México independiente”

Después de tres siglos de dominación española, el 60 % de los mexicanos hablaba una lengua indígena, el náhuatl era más dominante que el castellano; hoy ese porcentaje es de sólo un “exiguo” 6,6 %. “El exterminio de las lenguas originales ha sido responsabilidad del México independiente; sin embargo, no deja de haber una retórica que dice que las lenguas indígenas no existen porque España nos dominó”. El escritor y periodista mexicano Juan Villoro defendió esta tesis en una conferencia, organizada por la Facultad de Lenguas y Educación de la Universidad Nebrija y la Fundación Nebrija, en la que recreó la aventura de la comunicación y del relato del español desde Nebrija a la rebelión zapatista.

Villoro, Premio Iberoamericano de Periodismo Rey de España y Premio a la Excelencia Periodística, otorgado por la Fundación Gabo, entre otros galardones, recordó que en el Congreso de la Lengua de 2019 celebrada en Córdoba (Argentina), el presidente de México Andrés Manuel López Obrador  pidió que España pidiera perdón por la conquista y por el exterminio que había causado. “Me parece un poco tarde -dijo- para para solicitar este perdón, entre otras cosas porque los responsables han desaparecido, pero este tipo de actitud ha sido tradicional en México y ha desplazado la responsabilidad del exterminio cultural a los conquistadores que en su origen trajeron el idioma. El atraso de México, la injusticia, la perdida de las lenguas y culturas locales se atribuyen a una conquista que hace mucho tiempo que dejó de suceder y que en los últimos doscientos años se ha intensificado de manera intrahistórica con gran fuerza por responsabilidad de los propios mexicanos”.

Frente a esta postura, el autor de Dios es redondo argumentó sobre la actitud de los zapatistas que se levantaron el 1 de enero de 1994 -justo el día en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte-, un movimiento que “no pretendía” una escisión sino “una integración multicultural, la propuesta de un mundo donde cupieran otros mundos”. Los zapatistas, narró Juan Villoro, que tenían “rifles de palo”, contaron con el subcomandante Marcos entre sus filas, “un escritor político de primera fila y un gran comunicador” que 17 días después del alzamiento formuló la pregunta: “¿A quién tenemos que pedir perdón y quien puede otorgarlo?”.

Mientras que en 2019 el presidente mexicano instó a España a pedir perdón, los zapatistas “respondieron con un viaje de contraconquista a España” y un comunicado que en 2020 inquiría: “¿De qué nos va a pedir perdón España? ¿De haber parido a Cervantes?”.

“Se llevaron el oro y nos dejaron el oro”

En el acto enmarcado en la conmemoración del V Centenario de Antonio de Nebrija, Juan Villoro declaró que los pueblos indígenas de México son “orgullosamente bilingües y no quieren renunciar al castellano ni a la multiculturalidad que soñó Nebrija”. Basándose en las palabras de los poetas Pablo Neruda –Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras– y José Lezama Lima sobre “si el lenguaje del barroco español había sido de conquista, el lenguaje del neobarroco latinoamericano era de contraconquista”, Villoro concluyó que América Latina “había fundado su libertad y su imaginación a través de esta lengua recibida”.

Para ahondar en su discurso, el periodista mexicano trajo a colación la novela El entenado, de Juan José Saer, que recrea una expedición española por el Río de la Plata durante el siglo XVI que cae en manos de un pueblo antropófago que se come a todos los españoles menos a uno. “Al entenado no le enseñan nada, lo dejan estar ahí como un testigo más, habla español y trata de entender a los otros”. Diez años después es liberado y regresa a España y siendo muy viejo quiere rememorar todo.  “Esta novela es un fabuloso desciframiento de lo radicalmente distinto, de lo otro; el protagonista descubre al escribir que esta tribu ya se sabía condenada por la historia, eran más débiles que los españoles, sabían que iban a perder, pero querían tener un testigo de su cultura, que iba a perecer, y querían que fuera un extranjero, alguien distinto que los entendiera a su manera, querían tener un antropólogo que desde una cultura diferente comprendiera la suya y la salvara… Y hablara de ellos”, aseguró.

Villoro relacionó El entenado con lo sucedido con los idiomas del “nuevo mundo”, con “los desafíos y el predicamento del otro”, y llegó a otro de los hitos de su disquisición: “Una parte de la literatura latinoamericana tiene que ver con un choque de culturas, pero también con la capacidad de entenderlas en términos ajenas a ellas. En esta dinámica dialéctica entre lo propio y lo ajeno surge el conocimiento de las lenguas”.

Nebrija y su vocación universal

En su exposición “necesariamente superficial porque no soy un historiador de la lengua ni un filólogo, sino un escritor y un testigo del idioma”, Villoro rescató la aventura de Nebrija, “un judioconverso que atisbó el Renacimiento que se estaba fraguando y que entendió la cultura como un orbe”. Precisamente en un momento actual “de cultura de la alta especialización donde se sabe cada vez más de cada vez menos, perdiendo así el amplio mundo del conocimiento”, hay que recordar que Nebrija tenía “esa vocación universal”.

Después de citar dos obras del pensador austriaco Iván Illich, “gran rebelde del pensamiento” –En el viñedo del texto, sobre los cambios de paradigma, “muy interesantes en un momento en que la lectura se ha vuelto atmosférica por nuestros mensajes en el móvil”, y El trabajo fantasma, sobre las diferentes formas de dominio, “una de ellas la gramática”, Juan Villoro alabó la aproximación “abierta y multicultural” de Nebrija, “una persona con saberes múltiples”, a la lengua, “una de las mayores aventuras de la comunicación que perduran”.

Bernal Díaz del Castillo, el padre de la crónica moderna

Sin olvidar que “todas las empresas culturales son a la vez de construcción y destrucción porque no hay culturas puras sino culturas dotadas de impurezas”, el autor de El libro salvaje determinó que la historia de la conquista española, además de militar y de dominio, económica y religiosa, fue una empresa narrativa porque “para justificar lo que se había hecho había que contarlo”. Y aquí aparecen dos figuras: Hernán Cortés, que escribe Las Cartas de relación dirigidas a Carlos V, y Bernal Díaz del Castillo, cuya Historia verdadera de la conquista de la Nueva España lo encumbra, de acuerdo con Villoro, como el padre de la crónica moderna.

Bernal Diaz del Castillo reconvirtió sus probanzas de méritos a la creación de una memoria, aunque su obra se publica después de su muerte. No hay que pasar por alto que el idioma “también sirve para hacer una reconstrucción narrativa, para legitimar acciones y para atesorar ciertas recompensas y derechos”. Desde el origen de la lengua hay “un elemento de lengua y conquista” donde la conquista tiene “un elemento de reivindicación literaria muy importante porque se llama la atención sobre el sufrimiento y las fatigas y trata de conseguir con la pluma aquello que no logra con la espada como el desafío de narrar frutas y animales que los conquistadores no habían visto hasta entonces”. Villoro dejó una lección para cronistas y corresponsales apuntada ya por Bernal Díaz del Castillo: “Se puede describir lo que se desconoce; el gran desafío es describir lo ajeno con una lengua que todavía no está capacitada para hacerlo, esto es fascinante”.

Hernán Cortes y los primeros grafitis

Juan Villoro terminó su ponencia con la narración de un gesto “al alcance de cualquiera, una rebeldía que utiliza la literatura y el idioma como un ejercicio de liberación, que funda la necesaria disidencia de la creatividad hispanoamericana”. Ese gesto tiene una historia. Cuando Hernán Cortés escribía Las Cartas de relación en Cuyuacán para pedir a la Corona que lo recompensara, los “soldados de a pie” tocaban la puerta de su casa. Cortes no les abría y entonces escribían una protesta en el muro –“así comienzan los grafitis en el Nuevo Mundo”- y él les contestaba en el mismo espacio hasta que pintó la pared de blanco y plasmó el siguiente lema: “pared blanca, papel de necios”. En la crónica de Bernal Díaz del Castillo queda reflejado que el muro amaneció al día siguiente con otra frase: “Y aun de sabios y verdades, y su Majestad las sabrá muy presto”. Villoro quiso componer esta metáfora de la escritura pública y de la escritura privada: “El conquistador podría darse el lujo de escribirle directamente a la Corte utilizando el idioma homologado por Nebrija de esa manera, pero ya entonces había un idioma en uso, un idioma popular cuya propiedad pertenecía al pueblo entero, los conquistadores y los primeros mestizos del Nuevo Mundo, que empezaban a utilizar la lengua a extramuros. Fuera de la casa del conquistador había otras exigencias en la misma lengua. Vemos nosotros esta dinámica de lengua como instrumento de dominio e instrumento de liberación; nosotros podemos entender que en ese gesto de escribir en la pared que está a disposición de cualquiera está expresándose la rebeldía que utiliza la literatura”.

Maestro para escritores en ciernes

En la presentación de la conferencia Conquista y contraconquista. De Nebrija a la rebelión zapatista, Susana Martín Leralta, decana de la Facultad de Lenguas y Educación, agradeció a Villoro sus palabras ante “muchos estudiantes que son escritores en ciernes” y una Universidad que hace “mucho hincapié en la formación de español porque la lengua es algo vivo que cambiamos y nos cambia”.

Por su parte, José Luis García Delgado, director del Observatorio Nebrija del Español (ONE) y catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Nebrija, manifestó, haciendo honor a la tierra natal del escritor, que uno de cada cuatro hablantes de español son mexicanos: “Vosotros tenéis la legitimidad de uso y de ejercicio del español, mientras que los españoles tenemos la legitimidad de origen”.  También le dejó una loa: “Villoro es un escritor total, una persona a la que admiro; periodista guionista, ningún género le parece menor que otro y no desdeña ningún tema. Se ha hecho maestro de la materia del oficio de escritor. Como conferenciante es tan bueno como escritor”.

Para finalizar, José Muñiz, rector de la Universidad Nebrija, se refirió al relato como un aspecto “connatural” a la esencia del homo sapiens y al formato de conferencia como una reminiscencia de los encuentros de nuestros ancestros en las cuevas bajo la luz de la hoguera. “La inteligencia artificial ya está aquí, no hay que temerla, pero de momento no tiene la capacidad de llorar ni de emocionarse”.









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